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Desarrollo personal Viajes

5 MANERAS EN LAS QUE VIAJAR TE HACE MEJOR PERSONA (Y MÁS INTELIGENTE Y TOLERANTE)

By on 18 mayo, 2016

Viajamos para cambiar, no de lugar, sino de ideas.

Hippolyte Taine


Cada vez que lo pienso lo tengo más claro: fue la experiencia de mi primer viaje grande y sola uno de los hechos más importantes que han impulsado y potenciado mi manera de ser, mi personalidad viajera, mi curiosidad infinita y mis ganas insaciables de aprender. Tenía 15 años y gracias a una beca (y el espíritu de mi loco padre) me planté 3 semanas en EEUU para vivir y conocer cómo era la vida de una familia americana. La experiencia fue de película, nunca mejor dicho. Todo como en el cine: cruzar el charco por primera vez, las casas americanas igualitas a las de las películas, el high school, las cheerleaders, las hamburguesas y las fantas free refill. Además de los negros mezclados con los amarillos, los mulatos y los rubios todos viviendo juntos y llevándose bien. En mi lejano y remoto pueblo extremeño no existía nada igual o parecido.

Fueron innumerables estímulos que trastocaron lo que yo hasta entonces creía como normal; mi personalidad se enriqueció, mis conocimientos mejoraron -no solo los de inglés- y mi espíritu creció. Y creo que fue después de esta experiencia tan genial y enriquecedora cuando decidí que algún día viviría fuera de lo conocido, lo confortable y lo controlado y me expondría a lo desconocido, nuevo y emocionante, a lo que nos hace crecer y ser mejores. 

Así que algunos años y otros viajes similares después, Erasmus de por medio, en cuanto terminé la carrera me aventuré en lo que fueron 3 años viviendo y trabajando en el extranjero. Y 3 años de por medio en Madrid, fue a comienzos de este año cuando volví a exponerme a las maravillas que nos da el viajar y vivir fuera de la zona de confort o de control. Volví a poner en práctica esta actitud de viajera que no es otra que la de dejarnos sorprender, querer aprender cada día algo nuevo y estar expuestos una y otra vez a los maravillosos estímulos y enseñanzas que nos ofrece el mundo si así lo deseamos. Como relataré más abajo, no es necesario irse muy lejos para tener esta actitud de trotamundos que tanta riqueza nos aporta y nos hace crecer como pocas cosas nos lo hacen.

En el post de hoy, por tanto, quiero explicar cómo el viajar me ha hecho (y me hace) más grande y cómo creo que puede mejorar a cualquiera que tenga las ganas y el coraje de practicarlo. Estoy convencida de que el viajar debería ser obligatorio para cualquier persona preocupada por su desarrollo y evolución (por su intelecto y tolerancia). Creo que cuanto antes y cuanto más lo practiquemos mejores personas, en definitiva, seremos.

1. Viajar amplia nuestras fronteras

Y no me refiero solo a las fronteras externas y burocráticas que separan países en los mapas y nos hacen sumar países a nuestra lista de visitas, sino a las otras más importantes, a las internas. Si nunca hubiera salido de mi pueblo en el sur de Extremadura no sabría que hay infinitas gastronomías, que en México se comen saltamontes y en Malasia huevos negros fermentados; que en algunas partes es normal que hombres heterosexuales se agarren de la mano y se besen; y que en nuestro invierno español existe a la vez un verano argentino… Teniendo en cuenta todo esto, no tengo porque vivir los inviernos si no me gustan, entiendo que las interacciones entre hombres y mujeres son, en su mayoría, culturales y decido probar lo que otros países tienen para ofrecerme.

2. Viajar desarrolla el intelecto y nos hace más tolerantes

Aprender otros idiomas, adoptar otras conductas de comportamiento nos hace más tolerantes. Conocer otras normas sociales, y otras costumbres, por ejemplo el chamanismo en Perú o el comportamiento que se espera a la mesa en Marruecos, nos hace más inteligentes, más abiertos y más sabios. Viajar, aunque suene algo cursi decirlo, nos educa en la vida.

3. Viajar pone ante nosotros nuevos horizontes

Existen otros mares más allá del Atlántico y del Mediterráneo. Los desiertos no son solo de arena y dunas. Hay ciudades construidas en una altitud más alta que cualquier montaña de España. Viajar, más allá de mostrarnos los horizontes físicos nos muestra los nuestros internos, y lo mejor de todo, crea nuevos. Muchas de nuestras creencias limitantes se derrumban al exponernos en el viaje. ¿Quién dice que no se puede dormir en el suelo? ¿Y estar sin acceso a internet más de 10 días? Al viajar y conocer otros horizontes, otros límites y realidades, podemos, además, ampliar nuestras metas. Podemos proponernos ser mejores, más grandes, aprender más, conocer más, desarrollarnos más. Y al querer alcanzar nuevas metas mejoraremos, como siempre traen las metas consigo, nuestra disciplina, autodeterminación, independencia, emprendimiento y actitud.

4. Viajar potencia la imaginación 

Saber que no hay una sola manera de vivir, reproducirse o morir nos da opciones a elegir cómo queremos ser y en lo que nos queremos convertir. Una parte muy importante del viajar es conocer a otras personas. La mayoría de las veces, conocer sus historias nos inspira a convertirnos en mejores y cambiar aquello que no nos gusta de nosotros. Desafortunadamente, hoy hay demasiada gente que pasa mucho tiempo con personas que no les aportan nada (ya escribí sobre la importancia de rodearnos de personas que nos inspiren aquí, ya que nos convertimos en la media de las 5 personas con las que más tiempo pasamos), conocer por el camino a personas con historias fascinantes solo puede motivarnos a querer también nosotros vidas fascinantes. La creatividad más profunda en nosotros se pone a trabajar cuando viajamos y tenernos que inventar y sortear las aventuras de cada día. Además, viajar potencia y pone en práctica, como pocas cosas lo hacen, nuestras habilidades para crear, nuestro espíritu de emprendimiento y nuestros instintos de supervivencia.

5. Viajar nos hace crecer y ser mejores SERES 

Al conocer, aceptar y crecer con el conocimiento que nos brindan otras culturas, también nuestro espíritu se hace mejor, más rico y más grande. Viajar nos enseña a alinearnos con la Pachamama -como llaman por estos lares a la fuerza creadora-, a respetarla, a aceptar lo que viene -de cualquier manera no hay forma de cambiarlo- y a sentirnos agradecidos por lo que el camino pone ante nuestros ojos. Viajar nos enseña a sentir la vida, y la gracia de vivirla. Nos hacemos mejores seres, porque precisamente viajar nos hace, sobre todo, humanos.


Viajar, en definitiva, nos hace mejores, más responsables, más honestos con nosotros mismos, y consecuentemente, mucho más libres.


Ahora me encantará escucharte a ti. ¿Estás de acuerdo con que el viajar nos da todo esto (y más)? ¿Has experimentado alguna de estas afirmaciones? ¿No te pasa a ti también, que no encuentras mejor metáfora para vivir que el viajar? Déjame un comentario más abajo. Lo leeré, seguro me hace reflexionar y te contestaré encantada ?

Acuérdate, compartir es vivir 🙂

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BEA
Around the World

Soy Bea, y estoy cumpliendo mi sueño. He vivido en varios puntos del planeta. He dejado Madrid, mi trabajo y mi vida cómoda para irme a dar la vuelta al mundo. Sin billete de vuelta cerrado y como “viaje exterior e interior”.