MI EXPERIENCIA AYUNANDO 7 DÍAS - Millennial On The Road MI EXPERIENCIA AYUNANDO 7 DÍAS - Millennial On The Road
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Desarrollo personal Food Nutrición

MI EXPERIENCIA AYUNANDO 7 DÍAS

By on 9 octubre, 2016

“Everyone can perform magic, everyone can reach his goals, if
he is able to think, if he is able to wait, if he is able to fast.”
― Hermann Hesse, Siddhartha


Ayer volví a comer. Y no como comemos los mortales que nos alimentamos cinco veces al día. Sino que ayer volví a comer después de estar siete (7) días sin mover mis mandíbulas al son de verduras y frutas, semillas, legumbres, y otros alimentos. Después de 7 intensos días de limpieza interior y desintoxicación de mi cuerpo, ayer volví a entregarme al placer que es la comida después de haber pasado por otra de esas experiencias que te hacen más fuertes, más grandes y más sabios. Ayer, terminó mi ayuno.

A continuación quiero compartir contigo los detalles del porqué, cómo, dónde y qué he sentido en esta experiencia para que conozcas más los beneficios de esta práctica, intentes entenderme o te animes a probarlo 😉

POR QUÉ SOMETERTE A UN AYUNO ES EL MIMO MÁS GRANDE A TU CUERPO

No, no se trataba de otra locura más de las mías. Tampoco de una aventura desmedida y descontrolada que se me pasara el día anterior por la cabeza. Ayunar es una práctica a la que de vez en cuando me había asomado (y sentido sus positivos efectos) y la que quería explorar y sentir más profundamente.


Ya en el libro del Tao (recopilación de sabiduría milenaria) se habla del ayuno como uno de los mayores cuidados que podemos ofrecerle a nuestro cuerpo. La mayoría de las religiones (entre ellas la católica, aunque ya pocos sigan de verdad la Cuaresma) recomiendan e instan al ayuno a sus fieles. Espiritualmente el crecimiento personal va unido a la superación de lo que nos demanda la mente -y reconocemos como cuerpo- entre otras cosas, el hambre y el apego a la comida.


Igual que con el retiro de silencio y meditación al que me entregué el pasado mes, tenía claro desde el inicio de mi viaje que en algún momento pararía y me dedicaría durante unos días solo a cuidar y mimar a mi cuerpo. Porque, aunque muchos de los que estéis leyendo esto creáis que ayunar es más una tortura que un mimo al cuerpo, he de deciros ya que estáis muy equivocados. Existen numerosos estudios que demuestran los beneficios físicos (y mentales) de someter al cuerpo durante un tiempo al ayuno y proceso de desintoxicación. Cualquier persona que lo ha experimentado lo recomienda. Y aunque es un proceso interior, son visibles las beneficiosas consecuencias exteriormente.


Después de este año viajando y no cuidándome tanto como cuando vivía más o menos quieta en un lugar quería regalarme esto como reconocimiento y agradecimiento al maravilloso templo que es mi cuerpo.

Previa limpieza de dos días comiendo solo crudivegano (frutas y verduras crudas) el pasado 8 de octubre comencé oficialmente mi proceso de ayuno, desintoxicación y purga (si así puedo llamarlo).

QUÉ ES EXACTAMENTE UN AYUNO O UN DETOX

Dicen los expertos en el tema que cualquier persona debería plantearse un ayuno en algún momento de su vida para limpiar las toxinas y toxicidad que poco a poco hemos ido acumulando en el cuerpo. Los niveles actuales de toxinas en los alimentos -y en el aire que respiramos- son los más altos que han existido en la historia de la humanidad. Existen, además, nuevos químicos, nuevos contaminantes del aire y del agua, estamos constantemente expuestos a la radiación y a diario ingerimos, respiramos o depositamos en nuestro cuerpo todo tipo de toxinas, ya sea a través de los alimentos, los estimulantes, las medicinas, los productos de limpieza, los plásticos, los humos que respiramos, etc.

El objetivo de un ayuno, o si lo decimos siguiendo el mainstream, un detox, es prescindir de alimentos durante un período controlado de tiempo para hacer que los niveles de toxinas en el cuerpo bajen. Aunque existen (y cada vez están más de moda) numerosos estilos de detox o ayunos, el que yo seguí es el de tradición taoista -milenario- en el que durante el tiempo que dura el ayuno o detox, el cuerpo se alimenta solo a base de agua, algún zumo natural, agua de coco e hierbas naturales.


La desintoxicación, o detox, es un proceso que naturalmente experimentamos en el cuerpo a diario; nuestro colón, riñones, hígado y piel -entre muchos otros- son los órganos que constantemente están eliminando lo que nuestro cuerpo no puede aprovechar o le es dañino. Al ayunar lo que hacemos es que estos procesos que ya naturalmente ocurren en el cuerpo, se potencian y aceleran; Cuando no le metemos nuevas toxinas al cuerpo, lo que hace este -explicándolo muy llanamente- es que empieza a tirar de reservas -grasas- donde ya hemos acumulado otras toxinas y sigue eliminándolas.


Si a esto, le añades irrigaciones de colón (o colemas) como recomienda el ayuno taoista, y que yo seguí, se consiguen eliminar toxinas que quizá llevaban viviendo dentro de nosotros hace años. (Sí, hay estudios que demuestran que han salido “cosas” de dentro de humanos que habían sido depositadas ahí hacía varios años). Pero en este tema entramos otro día 😉

 

MI EXPERIENCIA AYUNANDO: 7 DÍAS DE VENERACIÓN A MI TEMPLO

He de empezar diciendo que no es lo más sencillo a lo que me he expuesto aunque tampoco es, ni de lejos, lo más complicado.

ANTES DEL AYUNO

Lo importante cuando se empieza un ayuno ha de ser la actitud de entrega, y con esa iba yo desde un comienzo. Se trataba de algo voluntario y no impuesto, por lo que desde un principio -aunque me costará algo asimilarlo de verdad- me dispuse a disfrutarlo.

Otra de las razones por las que lo hacía era porque quería seguir superando mi apego a la comida y observar a la mente cuando se la priva de deseos y aún así sigue su curso.

LOS TRES PRIMEROS DÍAS

El primer día, al que siempre acompaña lo novedoso, fue fácil. Pasó rápido y entre que aprendía qué hierba tomarme o si agua de coco o sopa de agua con minerales me tomaba después, conseguí superarlo bien.

El segundo día fue el día de los deseos. De pronto se me venían a la cabeza imágenes de tostadas de aguacate con tomate, aceite de oliva y semillas: la boca agua. Ahora venía la imagen de unas lentejas de mi madre, o unos garbanzos de mi abuela. ¡O qué rica la ensaladilla rusa vegana que hago! Así casi todo el día. Acompañado de algo de debilidad física. Al irme a dormir me entró dolor de cabeza y casi no dormí nada en toda la noche

El tercer día fue el único duro. Me dolía la cabeza, dicen que es normal cuando se empiezan a eliminar las toxinas de tu cuerpo- y no podía concentrarme. No me apetecía moverme y no me sentía con muchas fuerzas para casi nada. Además, estuve bastante malhumorada e irascible.

DÍAS 4, 5, 6

¡El cuarto día amanecí cargada de energía! Lo que fue una sorpresa después de haber estado tan regular el día anterior y seguir ingiriendo lo mismo. (Anda! La energía no está relacionada al 100% con la comida!)

El dolor de cabeza se fue y mi fuerza volvió. Pude trabajar, leer, hacer yoga como una campeona durante hora y media y seguir el ritmo del día sin dificultad.

El quinto y sexto día también fueron fáciles aunque algo más aburridos. Ya había entrado en la monotonía del ayuno. La ingesta de hierbas y aguas era ya aburrida al extremo. Empiezas a entender el disfrute de un masaje. El olor al amanecer. Un baño, el sabor del agua de coco que se convierte en el mayor deleite culinario…

El último día volví a imaginarme la comida. Tenía ganas de volver a masticar. Me hacía muchísima ilusión volver a saborear. Qué felicidad poder compartir mesa y alimento con otros humanos! Se hizo algo largo aunque no doloroso.

ROMPER EL AYUNO

Fue entonces cuando aprendí que solo el que sabe ayunar, sabe de verdad comer. ¡Qué sabor tenía la papaya! ¡Qué textura la carne de coco! ¡Y qué jugosa la sandía! Volver a experimentar lo crujiente fue casi una experiencia orgásmica para mi mente. Delirio de placer al volver a hincarle un diente a un tomate.
Te da pena que tu estómago haya encogido y no te quepa más comida. Pero agradeces lo que depositas como si fuera lo último que vas a ingerir en tu vida. 

 

CURIOSIDADES Y ENSEÑANZAS DURANTE MI AYUNO

NO, no tienes hambre. Aunque parezca mentira y muchos no me crean, no experimentas hambre. El agua de coco te llena, las hierbas te llenan y como no haces la digestión tu cuerpo no necesita ingerir para mantenerse. Lo que sí experimentas, y es a lo que hay que intentar no prestarle mucha atención, es deseo. Sobre todo los primeros días en los que te apetecen tooooodo tipo de comidas.

El olfato se vuelve altamente sensible. Los olores son un festival. Tanto el de las flores al amanecer, el de tu propio cuerpo -los que se van apagando a medida que pasan los días- como los de comida -estos eran más un martirio que un festival.

La piel y los ojos se vuelven brillantes. Parecía más joven. Lo blanco de los ojos es realmente blanco. La piel se vuelve lúcida.

Cada día duermes menos. Yo no me eché ni una siesta durante los ocho días. Y cada noche necesitaba menos sueño.

¡Solo me lavé el pelo una vez! Algo súper curioso que no me esperaba. Pero me pasó que, aunque sudaba en mis clases de yoga, el pelo no se me ensuciaba. He leído que al no exponernos a toxinas el cuerpo empieza a producir recursos para limpiarse a sí mismo. LOL.

Tienes energía. Los niveles de energía a partir del tercer día no bajan, al revés, suben.

La mente sigue siendo lo más fuerte que tenemos. Y aquí parafraseo a Henry Ford: tanto si piensas como que puedes, como si piensas que no, estarás en lo cierto. Todo está en ti, también tu apetito. Y también, por supuesto, es algo que puedes controlar. 

Pierdes peso. Aunque no era lo que perseguía, es un bono. Hay personas, las más pesadas, que llegan a perder 15 kilos! Yo creo que -reales- he perdido unos 2kg.

DÓNDE, CÓMO, CUÁNTO Y CUÁNDO LO HICE YO

En Asia hay muchísimos sitios que ofrecen este tipo de programas de ayuno o detox. Los hay más trendies, más auténticos y más glamurosos. El que yo elegí era una mezcla de auténtico, cómodo y en plena naturaleza, alejado de la civilización, pero con acceso a ella. Además, estaba bien supervisado.

Lo hice en Koh Samui, Tailandia, en el centro Spa Resort (localización montaña).

Te supervisan, te hacen seguimiento y te tratan como a una reina para que solo te encargues de ayunar y observarte. Entre los cuidados diarios se incluyen todas las dosis de hierbas, sopas de agua, aguas de coco, masaje diario, acceso a baño turco o sauna y disfrute de las dependencias. Todo un lujo, la verdad. El precio, comparado con lo que hay en el mercado está bastante bien. Tenéis todos los detalles aquí.

 

RECOMENDACIONES SI QUIERES EMPEZAR CON EL AYUNO

Si nunca antes has ayunado, te recomiendo empezar con pequeños ayunos intermitentes. Algo que practico y que está demostrado ser súper beneficioso para el cuerpo.

Si es la primera vez que vas a enfrentarte a algo así, quizá es buena idea por empezar haciendo un día a la semana en el que solo comas fruta. Es algo que le recomiendo a las personas que me rodean. Limpias el organismo, le das un descanso y coges energía -la que el cuerpo no gasta en digerir comida.

Si ya has probado con un día de ayuno de fruta, te animo a seguir con tres, o convertirlos en monoayunos, en los que solo ingieras un tipo de fruta. Yo los practico mucho ingiriendo solo cítricos durante uno, dos o tres días seguidos.

Mucha gente empieza con programas de 3-4 días. Quizá es otra opción, en lugar de embarcarte directamente en una aventura de 7.

Nunca hagas nada que vaya a durar 7 días sin supervisión médica.

Busca un sitio y un tiempo en el que tu principal ocupación sea cuidarte así.

Y lo último, entrégate y aprende. Conócete a ti mismo y sigue explorando, my friend.

Y ¿tú? ¿Has practicado algún tipo de ayuno? ¿te animarías con esta experiencia?

Puedes comentar más abajo y compartir tu experiencia. Acuérdate, compartir es vivir ?

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BEA
Around the World

Soy Bea, y estoy cumpliendo mi sueño. He vivido en varios puntos del planeta. He dejado Madrid, mi trabajo y mi vida cómoda para irme a dar la vuelta al mundo. Sin billete de vuelta cerrado y como “viaje exterior e interior”.