TÚ PUEDES CAMBIAR EL MUNDO - Millennial On The Road TÚ PUEDES CAMBIAR EL MUNDO - Millennial On The Road
Desarrollo personal

TÚ PUEDES CAMBIAR EL MUNDO

By on 12 diciembre, 2015

Últimamente reflexiono con otras personas sobre las situaciones cotidianas que no nos gustan o no terminan de convencernos. Cuando llegamos al momento de cuestionar qué está en nuestra mano para mejorarlas, me sorprende escuchar de sus bocas -jóvenes en su mayoría, aunque también no tan jóvenes y eso ya no me sorprende tanto- valoraciones del tipo: «bueno, de poco sirve que lo haga yo solo…», «si todos pensaran como tú, pues sí, algo podríais conseguir, pero siendo solo unos pocos…», «de nada sirve que yo y solo yo cambie mis hábitos y comportamientos si el resto no está concienciado…», «si los demás roban, timan y son corruptos, que yo no lo sea no va a cambiar nada…», «como todos lo hacen, que yo no lo haga no va a cambiar las reglas del juego…», etc… Respuestas todas ellas que denotan una falta de confianza en lo que cada uno de nosotros puede llegar a conseguir.

Nos encontramos en un momento en el que siento que muchos no somos conscientes del poder tan grande que tenemos con nuestras acciones. Aún estando todavía llenos de energía, parece que tiramos la toalla muy temprano al sentir que nada podemos hacer para cambiar las circunstancias que nos han tocado.

Como no sé si sabéis muy bien de esto de lo que os hablo, hoy quiero compartir con vosotros algunas de las ideas, teorías y situaciones que me hicieron darme cuenta del poder que tenemos cada uno de nosotros para cambiar el mundo. Porque sí, tenemos poder y mucho. Te lo quieras creer o no. Y eso estás a punto de descubrir 😉

Antes de nada me gustaría que vieras el siguiente vídeo.

Flipante, ¿no? O al menos da para plantearse algunas preguntas, ¿no te parece?

Quizá estés pensando ahora mismo: «un tonto hace un ciento». Sí, aunque también podríamos verlo de otro modo, algo así como: «un inteligente hace una multitud que puede cambiar el curso de los acontecimientos». Y poner a bailar a una colina entera…

Las personas concienciadas con su desarrollo y contribución al mundo, en su labor y paso por este, muchas veces nos preguntamos para qué sirven nuestras acciones, qué cambiamos o dejamos de cambiar nosotros con nuestro comportamiento y qué importancia tiene que obremos de una manera o de otra.

Como decía más arriba, son muchos los que piensan que la actuación individual poco o nada tiene de poderosa, o al menos de importante. Hoy quiero invitarte a cuestionar -y el vídeo ya da alguna evidencia- que quizá esto no sea así. Y no lo digo yo y mi experiencia que ahora te voy a contar, sino la sociología, la psicología y algunas teorías económicas.

En mi segundo año en EEUU, mi interés por el deporte y la alimentación hicieron que tomara la decisión de formarme bien en nutrición y actuar en consecuencia. Estos motivos, junto a todos los relacionados con la sostenibilidad de nuestro planeta y el sufrimiento de los animales, hicieron que primero me hiciera vegetariana y después vegana (esto lo cuento otro día).

La decisión de no comer carne vino fundada sobre todo por querer aportar mi granito de arena a la que yo creo una causa que puede cambiar el mundo. Así, intenté explicarle a los que me rodeaban el porqué de mi decisión, qué alternativas había encontrado y qué pasaría si todos siguiéramos consumiendo la gran cantidad de carne que se consume hoy en día.

Con mi decisión conseguí que unas cuantas personas de mi familia y amigos empezaran a cuestionarse qué es esto de la industria alimentaria, de qué están hechos los alimentos que nos llevamos a la boca o qué es el aceite de palma y cómo se obtiene entre muchas otras cuestiones. Conseguí que más de uno incrementara su consumo de fruta y verdura al día. Alguien por ahí cambió el desayuno de galletas de chocolate con leche entera por pieza de fruta más cereales de avena… Además, conseguí que un buen amigo se hiciera vegano y juntos experimentáramos e indagáramos más por ese mundo. Muchas de estas personas me consta que ahora influyen a las de su alrededor como lo sigo haciendo yo. Así, vamos sumando adeptos a una causa que para muchos de nosotros es importante y es una manera más de cuidar el planeta en el que vivimos y nuestra manera de contribuir.

Tu acción es poderosa

Al plantearte el alcance de tu acción puedes, por un lado, pensar que no vas a conseguir nada, desanimarte y volver a un comportamiento menos responsable desde tu propio punto de vista, o, por otro, ser consciente del gran potencial de tu decisión, actuar y conseguir empezar a cambiar el mundo.

En sociología se define tipping point como el momento en el que un grupo -o la mayoría de los miembros del grupo- cambia rápida y abruptamente su comportamiento adoptando una práctica antes no presente o poco común entre sus miembros.

En su libro The Tipping Point (La clave del éxito en español), Malcolm Gladwell, compara los fenómenos sociales con las epidemias virales. Según el autor, el número de personas que pueden cambiar la dirección de una multitud es a menudo mucho más pequeño de lo que muchos de nosotros nos imaginamos. Esto explica por qué el cambio a menudo sucede rápida e inesperadamente.

Gladwell afirma:

«De la misma manera que un virus puede expandirse rápidamente entre la población, así puede también hacerlo un cambio de comportamiento, especialmente dentro de un grupo cerrado. Por ejemplo, la acción de un solo individuo dentro de un grupo puede influir en las acciones de otros individuos de ese mismo grupo, y así sucesivamente hasta que ese nuevo comportamiento finalmente se establece. De esta manera, esos pequeños y a veces insignificantes cambios iniciales tienen el potencial de provocar grandes diferencias y cambios en el todo».

Y aquí vuelvo a referirme al vídeo. Una sola persona empieza a bailar y una colina entera acaba siguiéndola. Es increíble, ¿no?

En muchas ocasiones este tipping point puede darse mucho antes de lo que imaginamos.

La cuestión es que la simple y aparentemente pequeña acción de una persona puede influir enormemente en otra. Si somos conscientes de ello, llegaremos a entender que nosotros mismos, con nuestras acciones, podemos influir no solo a las personas que nos rodean sino que podemos alcanzar el tipping point en los grupos a los que pertenecemos.

Me pregunto a menudo si de verdad mis acciones como persona -sin más fuerza que esa- pueden afectar al transcurso de los acontecimientos de la sociedad y al desarrollo del mundo en general (sí, that’s BIG!). ¿Podría yo con mi acción y mis causas influir a las personas para que llegáramos al tipping point y así alcanzar rápida y abruptamente un cambio concreto de comportamiento?

Creo que sí. Y pienso que aunque no alcancemos ese tipping point, cada acción individual que produzca un efecto (y quiero pensar que todos pensamos en efectos positivos) hará que, unido al de otra persona, multiplique su efecto.

Llegados a este punto creo que nos toca plantearnos la siguiente reflexión; La pregunta que debemos hacernos no ha de ser ¿Cómo podríamos cambiar la sociedad por completo?, sino más bien ¿Cómo puedo yo primero cambiar a un miembro de mi familia? ¿cómo puedo yo cambiar la acción de uno de mis amigos?

Piensa en ello de esta manera: basándonos en el principio del tipping point, no importa qué influencia positiva esperas tener, además no necesitas convencer a todo el mundo. Empieza por convencer a una sola persona y empezarás a ver el cambio.

Por ejemplo, si tu objetivo es conseguir que tu familia coma sano, haga deporte, empiece a reciclar o salga de la zona de confort, no necesitas convencer a todos ellos de golpe para lograr el cambio. Para empezar a ver el cambio solo necesitas convencer a un solo miembro de los grupos a los que perteneces y que quieres afectar con tus acciones. Así, si sois cinco en la familia y dos ya estáis tratando de comer más verdura durante la semana, el resto se fijará en vosotros y se planteará empezar a comer más verdura también…

Si quieres ver a tus amigos comprometidos con un estilo de vida más sano, no necesitas convencer a todos para que te acompañen a correr, a nadar o vayan contigo al gimnasio. En lugar de eso, puedes empezar por convencer a uno solo. Cuando los dos empecéis a practicar el hábito en cuestión, será más probable que otros de ellos se unan a vosotros, aunque sea poco a poco. Y cuando esto ocurra, quizá también el resto se animen a hacerlo. Así se llega al tipping point. Así se llega al cambio del transcurso de los acontecimientos. Y así entre todos cambiamos el mundo.

Ni que decir tiene que el cambio empieza con tu ejemplo. Pero, si quieres inspirar a las personas al cambio, no necesitas un micrófono y un altavoz para que te escuchen más alto. No necesitas gastar todas tus energías en convencer a grandes multituds. Solo necesitas una conversación con una persona. Y esto es fácil de conseguir, ¿no?

Deja que sea tu ejemplo y tu propia historia los que inspiren los cambios en otras personas. Al hacerlo, tu acción individual (la que muchas veces crees pequeña e insignificante) influirá en las acciones de los otros individuos. Y así, empezará a cambiar el comportamiento del grupo.

Volviendo al libro The Tipping Point, Gladwell describe tres principios sobre la propagación viral que también son aplicables al comportamiento de las personas:

1) Ley de Pareto. Los economistas hablan del principio 80/20, el cual sostiene que en cualquier situación, el 80% del efecto será causado por el 20% de los individuos involucrados.

“En la mayoría de las sociedades, el 20% de los criminales comete el 80% de los crímenes. El 20% de los conductores causa el 80% de los accidentes. El 20% de los bebedores de cerveza beben el 80% de toda la cerveza. Cuando se trata de epidemias, esta desproporcionalidad se vuelve aún más extrema: un porcentaje minoritario de personas hacen la mayoría del trabajo”.

2) Factor de Adherencia. Cuando hablamos de epidemias, un virus se propaga más cuanto más se mantenga en el sistema del portador. Un virus que sea fácil de curar o que sea inmediatamente fatal para quien lo contrae se propagará menos que uno que sea difícil de curar pero no mate a su portador en el corto plazo. Si lo llevamos al comportamiento humano y aplicamos la lógica, las ideas que más fuerza tienen en nuestra cabeza son las que con mayor probabilidad permanecen a diferencia de las que fácilmente olvidamos.  

3) Contexto. El cual afecta a la difusión de la enfermedad o idea de formas no anticipadas. Gladwell plantea tres tipos de individuos influyentes para la difusión y propagación de ideas: conectores, expertos y vendedores. Estos tipos de individuos se involucran en las interacciones personals que es como se expanden las ideas.

Te toca ser el cambio, ¡responsabilízate!

“El simple aleteo de una mariposa puede cambiar el mundo”.

¿Conoces el concepto efecto mariposa de la teoría del caos?

De la misma manera que una mariposa puede provocar un tsunami, intenta ser el cambio que quieres ver en el otro lado del mundo. Empieza por convencer a los que tienes cerca. Sé el ejemplo del mundo que quieres ver. Habla menos y actúa más. Haz que las cosas pequeñas, las acciones a priori insignificantes, tengan sentido. Sé el cambio. Por pequeño e insignificante que te parezca. Responsabilízate, con lo que sea, pero responsabilízate e intenta comunicar con tu ejemplo, mejor que con tus palabras.

No estás solo. Somos muchos los que nos responsabilizamos e intentamos con nuestra acción influenciar a amigos, familiares o compañeros de trabajo. Y lo estamos consiguiendo. Y estos, a su vez, a sus otros amigos, sus otros familiares y sus otros compañeros de trabajo. Y así es como el cambio llega y tenemos la posibilidad de dirigirnos hacia un mundo mejor. El mundo que queremos ver.

Ahora me toca escucharte.

¿Crees que de verdad es importante tu acción en este mundo? ¿Crees que realmente importan las pequeñas acciones/pequeños detalles en el desarrollo de los grandes sistemas? ¿Piensas que con tu acción puedes cambiar el desempeño de la sociedad o el grupo del que formas parte? ¿Eres consciente de tu poder para cambiar el mundo?

Me encantará saber cuáles son tus pensamientos sobre todo esto. Puedes dejarme un comentario más abajo, buscarme por las redes sociales y contarme, o pasarle este post a quién creas que puede venirle bien.

Acuérdate, compartir es vivir 🙂 

b

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2 Comments
  1. Responder

    Andrea

    13 diciembre, 2015

    Tal y como expone el Principio de Pareto, el 20% de la población mundial metaboliza el 80% de los recursos de la Tierra. Hay una realidad soberana que tenemos que afrontar: apenas un 20% de las empresas de cualquier país determinado controla la economía del mismo. Cuando las empresas cambien su modus opetandi hacia un comercio menos destructible y más conservador, se hará el auténtico cambio. Lo que a veces nos falta entender es que la clave para que se produzca ese cambio en empresas la tenemos nosotros: los consumidores. Cambiemos nuestros “wants” y nuestros “needs” para que cambie el rumbo del comercio tal y como lo conocemos hoy.

  2. Responder

    Nuria

    3 enero, 2016

    Sí, creo que nuestra acción en el mundo es importante y deberíamos ser conscientes de nuestro poder.
    Te felicito por la actitud y el positivismo que siempre muestras y que ahora también vas a compartir con más personas,
    Estoy segura que tu acción ya ha repercutido en las personas, en mí por ejemplo y va a influir en muchas más. Las críticas puedes ser positivas, negativas… pero piénsalo, estás dando qué pensar! (valga la redundancia) y eso es lo importante.
    Adelante, ya has empezado pero lo que viene será mucho más… estamos ansiosos porque “actúes”, seguro que será un buena conducta a imitar 😉

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BEA
Around the World

Soy Bea, y estoy cumpliendo mi sueño. He vivido en varios puntos del planeta. He dejado Madrid, mi trabajo y mi vida cómoda para irme a dar la vuelta al mundo. Sin billete de vuelta cerrado y como “viaje exterior e interior”.